El fracaso es una parte inherente de la experiencia humana. Sin embargo, a menudo nos enfrentamos a él con miedo, vergüenza y autocrítica. Aprender a manejar el fracaso de manera efectiva es crucial para el crecimiento personal y profesional. En este artículo, exploraremos cómo el fracaso, lejos de ser algo negativo, puede ser la clave para alcanzar el éxito, si somos capaces de desarrollar resiliencia frente a él.
Fracaso + resiliencia = éxito
“No hay innovación ni creatividad sin fracaso. Punto.” —Brené Brown
El fracaso forma parte de la experiencia humana. ¿Por qué, entonces, somos tan malos lidiando con él? El miedo al juicio y el estigma de que nuestros fracasos nos reflejan negativamente nos desaniman de probar cosas nuevas. La autocrítica y la rumiación nos convencen de que nuestros fracasos significan que somos incapaces e indignos. Pero el fracaso es algo típico en todas las profesiones.
Las organizaciones de diversos sectores tienen una tasa de éxito promedio de 43% en las solicitudes de propuestas (RFP) que envían para solicitar ofertas para posibles negocios; esto significa que el 57% de sus RFP fracasan. Los nuevos cirujanos tienen una tasa de mortalidad a 30 días del 6.2%, lo que significa que el 6.2% de los pacientes a los que operan mueren dentro de los 30 días posteriores a la cirugía, mientras que los cirujanos experimentados tienen una tasa de 4.5%. Uno de cada cuatro negocios fracasa en el primer año. En 10 años, el 70% de las empresas fracasan. Amazon alguna vez fue predicha para fracasar. Imagina si Jeff Bezos hubiera dejado que eso lo desanimara.
Entonces, ¿por qué hacernos sentir miserables por fracasar cuando es un factor de progreso y un requisito previo para el éxito?
Resiliencia frente al fracaso
Si queremos tener éxito, debemos aprender a ser resilientes ante el fracaso. Afortunadamente, la resiliencia es una habilidad que se puede aprender.
Entendiendo la respuesta al fracaso
Para superar el fracaso, es útil reconocer que lo que sentimos después de él no es algo particular de cada uno de nosotros como individuos. Cada persona sabe lo que se siente al fracasar. Quizás esto te permita ser un poco más compasivo contigo mismo cuando lo experimentes.
Los seres humanos solemos tomar el fracaso con dificultad. En primer lugar, tenemos una respuesta fisiológica al fracaso: activa la respuesta de lucha o huida en el cuerpo. Imagina que recibes un correo electrónico de un cliente, compañero o jefe expresando insatisfacción con una tarea que realizaste. El asunto dice “Comentarios”, y las primeras palabras dicen: “Esto no era lo que esperaba…” o “Estoy decepcionado de ver…” Tu ritmo cardíaco se acelera y comienzas a sudar. En lugar de pensar a fondo sobre el correo y gestionar tus emociones, te dices a ti mismo: “No puedo lidiar con esto ahora,” y decides distraerte viendo videos de YouTube o revisando puntajes deportivos.
Este tipo de correos desencadena procesos neuronales en el cerebro relacionados con el fracaso. Estos procesos incluyen la regulación emocional, la conciencia interoceptiva (conciencia de la información sensorial), la detección de errores y el procesamiento de información social. Esta actividad estimula la producción de hormonas y neurotransmisores, como el cortisol, la hormona del estrés, activando finalmente la respuesta de lucha o huida.
Como muchas otras características humanas, esta respuesta ayudó a nuestros antepasados a sobrevivir hace miles de años, cuando el fracaso estaba estrechamente relacionado con la muerte. Hoy, nuestros fracasos rara vez son fatales, por lo que la respuesta está muy desproporcionada respecto a lo que experimentamos. Nuestros cuerpos nos hacen sentir que recibir un correo con críticas es una amenaza para la vida.
Los bloques fundamentales de la resiliencia
No puede existir una actitud resiliente frente al fracaso sin la autocompasión y la positividad.
- Autocompasión
Tu crítico interno es una de las creencias limitantes que te retienen. Esa voz surge tras cualquier fracaso para criticarte, decirte que nunca serás lo suficientemente bueno y hacerte sentir inútil por el más mínimo error. Si te sientes inútil, no podrás recuperarte del fracaso.
Entonces, para ser resiliente, primero debes ser autocompasivo. Brené Brown, profesora de investigación en la Universidad de Houston, ha pasado décadas estudiando el coraje, la vulnerabilidad, la vergüenza y la empatía. En 2010, dio una charla TED sobre vulnerabilidad, que tuvo 22 millones de vistas en YouTube, y dos años después, otra sobre la vergüenza, con más de 19 millones de vistas. Brown anima a las personas a aceptar el fracaso porque es parte del camino hacia el progreso. Fracasar significa que lo estás intentando. Ella también afirma que la empatía es el mejor antídoto para la vergüenza, que es “una epidemia en nuestra cultura.”
Una excelente manera de fomentar la autocompasión es compartir los fracasos con otros para normalizar la experiencia y reducir los sentimientos de aislamiento. En su segunda charla TED, Brown compartió sus propios fracasos, describiendo la vergüenza y vulnerabilidad que sintió después de su primera charla TED. “Si pones la vergüenza en un plato de Petri, necesita tres cosas para crecer exponencialmente: secretismo, silencio y juicio,” dijo. “Si pones la misma cantidad en un plato de Petri y la riegas con empatía, no puede sobrevivir. Las dos palabras más poderosas cuando estamos en lucha: ‘yo también’.”
- Positividad
Adoptar una visión positiva es crucial para la resiliencia. Richard Wiseman, un psicólogo que pasó una década estudiando qué hace a las personas afortunadas, determinó que la cualidad más importante de ellas es la resiliencia: usan una actitud positiva para transformar la mala suerte en oportunidades prometedoras. La ciencia detrás de la “manifestación” apoya esta idea, mostrando que las buenas cosas vienen para quienes tienen una visión positiva. Primero, las personas que creen que pueden hacer algo lo intentan; el simple hecho de intentarlo aumenta sus posibilidades de éxito.
Cuando usamos la positividad para ver el fracaso como un peldaño en lugar de un obstáculo, aprendemos a afrontar el fracaso con coraje y optimismo. Para construir una visión positiva ante el fracaso, prueba la táctica de las personas afortunadas: reencuadra tu fracaso como una oportunidad. También puedes repetir una afirmación respaldada por la ciencia que te inspire emociones positivas, como por ejemplo: “la práctica no hace la perfección; hace el progreso.”
- Diseña y practica un proceso de “Fracasé”
Si te propones tener éxito, primero te propones fracasar. Así que, si planeas salir de tu zona de confort y probar cosas nuevas, lo mejor es no hacerte sentir mal cada vez que algo no funcione. Desarrollar un procedimiento para saber qué hacer cuando fallas es inteligente. Practícalo en fracasos grandes y pequeños. Cada vez que lo uses, reforzarás tu resiliencia.
Aquí te mostramos lo que hacer cuando experimentas un fracaso:
- Paso 1: Pausa.
Tómate un momento para reflexionar y procesar tus emociones y pensamientos. No caigas en la catástrofe. Concédele atención a tu respuesta emocional al fracaso en lugar de tratar de racionalizarla. - Paso 2: Recolecta más información sobre el fracaso en sí.
Busca retroalimentación de otros, métricas objetivas o evidencia de experiencias similares si este tipo de fracaso parece ser un patrón. Recolectar más información nos ayuda a vencer el sesgo de confirmación, o la tendencia humana a buscar, interpretar y recordar información que confirma creencias preexistentes. - Paso 3: Responde con calma.
Una vez que hayas tenido tiempo para reaccionar en privado y reunir más información, probablemente te sentirás listo para responder con calma al fracaso. Identificar la mejor acción es más fácil cuando no estás siendo arrastrado por la respuesta caótica del fracaso.
No puedes ser inmune al fracaso. Pero sí puedes ser un experto manejándolo. Aprender a no dejarte desviar por los fracasos es enormemente empoderante. ¡Así que, adelante, fracasa! Y practica la mejor manera de responder.
