La pandemia de coronavirus de hace unos años nos obligó a detenernos y a reevaluar muchos aspectos de nuestras vidas, desde la forma en que trabajamos hasta la manera en que socializamos. Con los bares y restaurantes cerrados, muchos tuvimos que adaptarnos, recurriendo a videollamadas o a caminatas al aire libre para conectar con amigos y familiares. Ahora que el mundo regresa a una “nueva normalidad”, es el momento perfecto para cuestionar si la forma en que socializábamos antes de la pandemia era realmente la mejor. Al hacernos preguntas incómodas sobre nuestras costumbres, podemos realizar cambios importantes para asegurarnos de que el tiempo que dedicamos a socializar sea realmente significativo y esté alineado con lo que valoramos.
El test de sobriedad
¿Por qué vamos a los bares? Aunque no todos lo hacen, un informe de 2017 reveló que el 51% de los estadounidenses de 21 a 26 años acude a un bar al menos una vez por semana. Antes de volver a las filas de los locales de moda, vale la pena preguntarse para qué sirven realmente los bares. Para muchos, son una forma de buscar pareja, pero para otros, son simplemente un lugar para “desconectar” y divertirse.
Sin embargo, hay una prueba sencilla para descubrir la verdadera motivación: el test de sobriedad. La idea es simple: para saber si realmente disfrutas de una actividad, debes probarla sin alcohol. Si solo te parece divertida bajo los efectos de una sustancia, es probable que lo que te atrae sea el alcohol, no la experiencia en sí. Esta prueba se puede aplicar a todo tipo de actividades y relaciones. Si solo disfrutas de la compañía de alguien cuando ambos están bebiendo, quizás la conexión no sea tan genuina.
¿Es diversión o escapismo?
Si una actividad no es divertida sobrio, no significa que no tenga un propósito. Tal vez, al combinarla con alcohol, se convierte en una vía para escapar de la realidad y olvidar los problemas. A los bares y a la industria del alcohol, que mueven miles de millones de dólares, les conviene fomentar esta ilusión de que la bebida es la clave de la diversión.
Los bares están diseñados para ser aburridos si estás sobrio, con el fin de incentivarte a seguir bebiendo. Por ejemplo, atenúan las luces porque los estudios demuestran que esto nos hace beber más rápido. La música alta, que dificulta cualquier conversación, nos empuja a buscar el vaso, ya que no hay otra cosa que hacer. Sin embargo, la responsabilidad final recae en nosotros. Estos negocios simplemente nos dan lo que pedimos: una forma socialmente aceptable de salir de nuestras propias cabezas.
Es aceptable (hasta cierto punto) usar una actividad para cambiar tu estado de conciencia, ya sea a través de la meditación, la lectura o el alcohol. Pero es vital ser honesto sobre la verdadera razón detrás de la elección. El problema surge cuando este escapismo se convierte en la única forma de enfrentar la vida.
Elige una mejor diversión
Una vez que reconoces que algunas de tus actividades son más por escapismo que por diversión, puedes hacerte dos preguntas clave:
- ¿Por qué necesito este escape? El deseo de distracción es causado por un detonante interno, una emoción negativa de la cual deseamos huir. Es importante nombrar ese sentimiento. ¿Tuviste una semana agotadora en el trabajo y solo quieres desahogarte? ¡Adelante! Sin embargo, si tu trabajo ya no te satisface, escapar a un bar no resolverá el problema de raíz. En ese caso, podría ser el momento de tomar medidas concretas en lugar de adormecer el dolor.
- ¿Hay mejores maneras de divertirse? Como nos demostró la pandemia, hay un mundo entero más allá del bar. Por ejemplo, el Servicio de Parques Nacionales de EE.UU. informó que mayo de 2021 registró el mayor número de visitas al Parque Nacional de Yellowstone en ese mes, una tendencia que se repitió en otros parques. La gente redescubrió que la naturaleza puede ser un escape sin necesidad de alcohol. La experiencia al aire libre brinda una liberación mental y física distinta, que no depende de la embriaguez para ser placentera. Según el Instituto Max Planck de Alemania, pasar tiempo en la naturaleza reduce los niveles de la hormona del estrés cortisol, lo que demuestra un efecto directo y medible en el bienestar emocional.
Tal vez la próxima vez que te encuentres camino a un bar, te detengas a pensar si hay una opción más creativa. Podrías invitar a un amigo a caminar y conversar en un parque, unirte a una liga deportiva para conocer gente o tomar clases de baile para sentirte más cómodo en la pista. Al comprender por qué hacemos lo que hacemos, podemos asegurarnos de que estamos invirtiendo nuestro tiempo, y nuestra vida, de la forma en que realmente queremos.
Preguntas y respuestas
Un detonante interno es un estado emocional negativo, como el aburrimiento, la ansiedad o el estrés, que nos hace buscar una distracción para aliviar esa incomodidad. Se relaciona con el escapismo porque el deseo de escapar de la realidad no surge de la nada; es una respuesta a estos sentimientos internos que nos resultan desagradables. La evasión a través del alcohol, por ejemplo, es una forma de adormecer estos detonantes, en lugar de enfrentarlos. Un estudio de la Universidad de Stanford sobre el comportamiento humano y la distracción destaca que la incapacidad para tolerar el malestar emocional es un factor clave que impulsa la búsqueda de distracciones y el escapismo.
La diversión genuina es aquella que disfrutas por sí misma, sin necesidad de muletas químicas, mientras que el escapismo es una actividad que se usa principalmente para evadir una emoción o un problema. La principal diferencia es la motivación. La diversión genuina te hace sentir energizado y conectado, mientras que el escapismo a menudo deja una sensación de vacío o resaca emocional, ya que el problema original sigue presente. El “test de sobriedad” es una herramienta útil para hacer esta distinción, preguntándote si una actividad seguiría siendo placentera si la realizaras sin alcohol.
Además de la iluminación tenue y la música alta, otros factores de diseño en los bares influyen en el consumo. Por ejemplo, los asientos de las barras, a menudo sin respaldo, promueven la interacción social directa y evitan que los clientes se acomoden demasiado, lo que mantiene el flujo de consumo. Las ofertas de “hora feliz” y la disposición de las bebidas en estantes bien iluminados también están estratégicamente planeadas para atraer la atención y fomentar la compra. La Universidad de Duisburg-Essen en Alemania, en su investigación sobre el diseño de entornos sociales, ha demostrado que la arquitectura y la disposición de los espacios tienen un impacto psicológico directo en el comportamiento de los consumidores, especialmente en lo que respecta al consumo de alcohol.
El escapismo no es inherentemente malo si se elige de forma consciente. Hay muchas alternativas saludables al consumo de alcohol. Actividades al aire libre como el senderismo o el campismo, el arte y la creatividad, la meditación, la lectura, el voluntariado o la práctica de deportes en equipo son excelentes opciones. Estas actividades ofrecen una forma de “salirse de la cabeza” y encontrar una distracción positiva, pero a su vez crean nuevas habilidades, conexiones sociales genuinas y una sensación de logro. Un informe del Instituto Max Planck de Desarrollo Humano destaca que participar en actividades creativas y de ocio que no dependan de sustancias mejora el bienestar mental a largo plazo y reduce los síntomas de depresión y ansiedad.
